MI GRAN OBRA

“Mi Gran Obra (un proyecto ambicioso)” (2012)

Creación y dirección: David Espinosa

Interpretación: David Espinosa / Cía. Hekinah Degul

Ayudante de dirección: África Navarro

Música y sonido: Santos Martínez / David Espinosa

Espacio escénico: David Espinosa / Air maquetas y proyectos de arquitectura

Producción: EL LOCAL EC. /CAET, con la colaboración del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya

Distribución: MOM-El Vivero

Proyecto becado por el programa de artistas en residencia de Bilbaoeszena.

Mi Gran Obra es lo que yo haría si tuviera un presupuesto ilimitado, el teatro más grande del planeta, 300 actores en escena, una orquesta militar, una banda de rock, animales, coches y un helicóptero. Mi Gran Obra es una utopía. La realidad en la que siempre nos hemos movido como artistas se caracteriza por la precariedad y la escasez de medios, y precisamente ahí ha estado siempre el acento de nuestros trabajos: ingeniar mecanismos para resolver la falta de recursos, convertir la necesidad en virtud, subrayando las carencias para potenciar el fracaso como interés y motor de la creación. Por eso ahora que nos encontramos en una complicada situación socio-económica, en la que muy pocos se pueden permitir este lujo, nos parece el momento idóneo para abordar nuestro primer gran proyecto, un proyecto ambicioso. En “Mi Gran Obra” nos planteamos construir un espectáculo de gran formato, sin escatimar en gastos, desarrollando todas las ideas que aparecieran por muy caras que pudieran resultar, con material y un equipo artístico ilimitado. Pero, obviamente, con un ligero matiz: a escala. Es decir, pensando en grande y haciendo en pequeño, usando para ello planteamientos y técnicas propias de un arquitecto. Continuando nuestro cuestionamiento sobre los límites de lo teatral y ahondando en el interés de anteriores proyectos sobre la idea de representación, en esta obra intentamos generar una situación en la que se cuestione el sentido de los grandes proyectos, de ese tipo de creaciones artísticas que manejan elevados presupuestos y cuyo verdadero valor cultural es raras veces demostrable: obras faraónicas, muy efectistas y poco honestas, cargadas de ornamentos pero vacías de contenido. El resultado es un juego formal del que surgen diferentes narrativas no lineales que son un retrato de la sociedad en que vivimos, y que encierran metaforas que cada espectador interpreta a su manera. Imágenes, acciones y escenas bastante concretas, que no siguen un argumento ni tienen una intención discursiva.

«Trata nada menos, que de averiguar hasta que punto puede mejorarse la condición moral y física de la especie humana, oponiendo a la vez un dique a las guerras, a las revoluciones, y a los motines. Es la empresa más santa de cuantas han podido imaginarse; pues sus beneficios deben alcanzar, no a un solo pueblo, provincia o nación, sino a la humanidad entera, sin que la cueste una gota de sangre, ni una lágrima» (Manuel Sagrario de Veloy, 1841)